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En la actualidad, con la profusi�n de espacios informativos que dan noticia del tiempo, no hace falta ser marino -siempre pendientes del Meteo-, para saber que, tras la borrasca que anuncian las bajas presiones, siempre, antes o despu�s, aparecen las altas is�baras que traen en su seno los tiempos bonancibles. Y ello sin que el car�cter c�clico de estas alternancias tenga las secuencias determinadas por una sinusoide perfecta.
As�, tras los a�os en los que Espa�a figuraba en los primeros lugares de la construcci�n naval y la siguiente etapa, cuando las directrices de la Uni�n Europea obligaron a clausurar gradas, limitando la capacidad constructiva, vemos c�mo ahora soplan de nuevo vientos favorables que vuelven a mover, avante media, las m�quinas del sector. Y tal parece que con �nimo de que en un futuro mediano se ponga en el tel�grafo de �rdenes la se�al de avante toda...
Pues bien, tras a�os de grandes y graves problemas, sobremanera por la imposibilidad de encontrar financiaci�n para avalar unos costes que no son competitivos con pa�ses tercermundistas, entre otras razones, debido a que trabajamos con sistemas operativos obsoletos, en vez de corregir aquellos factores determinantes, pretenden convencernos de que la panacea reside en hacer el buque contratando contratas que ejecuten la totalidad del proyecto.
As�, la gesti�n de compras de equipos y materiales supone m�s o menos sobre el 70% o el 75% del coste total, en funci�n del la mayor o menor especificaci�n tecnol�gica del buque, adem�s de los consumos inmediatos con adquisiciones programadas a tiempo real.
La important�sima tarea de una oficina t�cnica capaz de solventar el reto de una construcci�n por m�dulos para abaratar costos y mejorar tiempos, y del obligado desarrollo de un proyecto, que tras las l�neas maestras y el dise�o -por lo general, adquirido a empresas especializadas-, deja sin resolver m�ltiples cuestiones que el astillero ha de resolver con rapidez y solvencia: modernizaci�n de almacenes con soluciones a pie de obra, sin olvidar g�libos, montajes y personal especializado, operarios, aprendices y t�cnicos en las muy variadas disciplinas que conforman el conjunto buque y que tan s�lo �ptimamente ensambladas pueden dar los apetecidos resultados.
Sin lugar a dudas, es absolutamente necesario comenzar esta nueva etapa utilizando criterios actualizados. Dir�amos m�s, yendo un paso por delante de lo que fueron enormes avances en su momento para los que ya hoy, seguro, el sector naval tiene mejores respuestas.
Una de las grandes cuestiones debatidas en continua periodicidad es la participaci�n de contratas dentro del astillero. Es evidente que la ebanister�a, por ejemplo, debe ser externa, ya que hay talleres que sirven con garant�a los muebles requeridos. Igual ocurre con la industria del fr�o. Ahora bien, llegar a la s�ntesis perfecta de un supuesto astillero ideal, que es aquel que por todo bagaje cuenta con una grada y un bac�n o dique seco y que, como muy recientemente hemos visto, ni eso se necesita, pues el casco se hace a cientos de millas y luego el montaje a flote -un enorme paso atr�s en la metodolog�a constructiva que se puede realizar en una concesi�n portuaria-, tan s�lo resulta ser una utop�a en la mente de seres visionarios, siendo muy ben�volo en cuanto a la calificaci�n de ese galimat�as constructivo, que, para mayor y m�s grande desastre econ�mico, entrega a manos externas (�se es el gran meollo de la cuesti�n) la gesti�n t�cnica, la de compras, la coordinaci�n de todos los recursos humanos y cuanto haya de ser necesario para la construcci�n del buque requerido.
En definitiva, a la genial propuesta le basta con una telefonista, un portero y un director condicionado y sujeto por mentes ajenas. Es m�s, incluso el contrato de construcci�n puede hacerse por quien tenga contactos y gestione la financiaci�n que tan s�lo necesita d |