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Un equipo internacional de bi�logos, economistas y especialistas de otras disciplinas, liderado por el canadiense Boris Worm y en el que participa el ec�logo marino espa�ol Enric Sala, ha trabajado durante dos a�os para realizar por primera vez un an�lisis muy amplio sobre el estado de la biodiversidad marina en su conjunto y la productividad de los servicios que presta a la sociedad. Estos servicios son m�s de los que podr�a parecer: el mar provee el 50% del ox�geno que respiramos, es hist�ricamente una fuente de alimento esencial, act�a como filtro de contaminantes y, en los �ltimos tiempos, se ha convertido en un valor econ�mico para sectores tan importantes como el turismo.
Los autores del trabajo, que publica la revista Science, han recurrido a datos arqueol�gicos, hist�ricos y experimentales, que despu�s han pasado por el tamiz de un an�lisis estad�stico para realizar una proyecci�n de su evoluci�n futura. Entre estos datos est�n las estad�sticas de las pesquer�as mundiales que la Organizaci�n para la Alimentaci�n y la Agricultura (FAO), de la ONU, comenz� a recoger en 1950. Para la prestigiosa experta Jane Lubchenko, por ejemplo, el trabajo constituye un hito en el estudio de la p�rdida de biodiversidad.
"Muchas veces nos preguntan por qu� es tan importante la biodiversidad marina y es un interrogante que no resultaba f�cil responder m�s all� de consideraciones �ticas sobre el respeto a otras especies", explica Sala a este peri�dico. "Ahora podemos a�adir que la biodiversidad marina tambi�n tiene un valor utilitario: su p�rdida pone en peligro el bienestar de los humanos", afirma este cient�fico, de 38 a�os, del Centro de Estudios Avanzados del CSIC en Blanes (Girona), vinculado a la californiana Scripps Institution of Oceanography, uno de los principales centros de estudio de la biodiversidad marina y su conservaci�n. Participan tambi�n investigadores de instituciones estadounidenses, australianas, brit�nicas y suecas.
Adem�s del declive, la extinci�n es ya una realidad para muchas especies: el 7% de los organismos vivos en ecosistemas costeros, los m�s afectados, por la presi�n de los habitantes, ha desaparecido en los �ltimos 200 a�os. "La flota pesquera espa�ola cada vez es m�s dependiente de caladeros muy lejanos, como Namibia, y en la Costa Brava, donde yo trabajo, el mero, la langosta y la mayor�a de especies que el escritor Josep Pla enumeraba cuando describ�a la vida de los pescadores hace unas cuantas d�cadas han desaparecido hoy de los men�s de los restaurantes", se lamenta Sala. "La erosi�n de la biodiversidad marina no es uno de esos problemas que, como se suele decir, sufrir�n nuestros nietos, sino que ya lo estamos sufriendo nosotros. La generaci�n de nuestros hijos podr�a ser la �ltima que coma pescado salvaje".
Los autores del estudio trazan un panorama preocupante pero creen, que "a�n estamos a tiempo" de reaccionar, como dice Sala. La principal alternativa que plantean es el establecimiento de reservas marinas que permitan restaurar la biodiversidad marina en �reas protegidas. En estas zonas, en las que est� prohibida la pesca, la riqueza de especies aumenta como media en un 23%, han encontrado los investigadores. "Adem�s, se trata de medidas que tienen efectos tambi�n sobre una zona m�s amplia en los alrededores de sus l�mites", explica Sala. En una reserva marina, la productividad pesquera se multiplica por cuatro y los ecosistemas se vuelven un 20% menos sensibles a las fluctuaciones. Este �ltimo dato es importante porque cuanto mayor estabilidad, m�s regularidad en las capturas futuras.
�Es compatible la pol�tica de aumento de reservas marinas con el mantenimiento de la industria pesquera? Sala responde: "En Espa�a menos del 1% de las aguas territoriales est�n protegidas, es un porcentaje insignificante. Si la reserva es muy peque�a, la influencia que tiene m�s all� de sus l�mites tambi�n lo es".
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